1. Acerca del Tanned Tin

Toda una generación de músicos, la de los nacidos durante los setenta, emergió a mediados de la pasada década de forma espontánea, al mismo tiempo que pequeños sellos discográficos, publicaciones, promotores y festivales musicales. Todos hemos crecido y madurado a un tiempo -ningún sector es ajeno a los otros- y se puede afirmar que ello ha sentado las bases de la situación actual, con una nueva hornada de músicos jóvenes y una serie de festivales consolidados y gozando de buena salud y reputación. Algunos de estos hoy son grandes eventos multitudinarios. Otros, no menos importantes, han decidido permanecer en continuo desarrollo y renovarse cada año sin renunciar a crecer tanto en público como en prestigio, y a la cabeza de ellos está, en opinión del abajo firmante, el Tanned Tin. Si rastreamos en cada una de sus ediciones, primero en Santander y en los últimos años en Castellón, podemos dar cuenta del discurrir de la música independiente internacional en los últimos quince años, y el festival ha ido marcando cada paso, cada nueva tendencia de un lenguaje musical, el del rock y el pop, que tiene poco más de medio siglo de existencia y que sabe beber de ese pasado para estar continuamente con la mirada puesta en el futuro. Tanto en calidad de público como en calidad de artista, el Tanned Tin siempre ha sido una experiencia tremendamente satisfactoria y única debido en gran medida a aquello que, si bien se le debiera presumir a cualquier festival serio y comprometido con la música que se precie, se echa en falta en la mayor parte de ellos -dicho sea con conocimiento de causa-, a saber: sonido impecable, recintos acogedores con excelente acústica, número apropiado de actuaciones diarias con descansos entre ellas, tratamiento exquisito y, por supuesto, un cartel atractivo en el que únicamente prima la calidad artística.

2. ¿Por qué en Valladolid?

Para cualquier músico en gira de salas (es decir, las que tienen lugar entre el otoño y la primavera) Valladolid es hoy parada obligatoria, miembro indiscutible del G-8 de la música en directo (junto a Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, Zaragoza, Bilbao y A Coruña). La elección de Pucela como escenario para abrir mi última gira el pasado mes de enero no fue casual, y ni al bajo firmante ni -me consta- a otros compañeros de generación se nos ha pasado por alto el avance que ha vivido la ciudad de manera particular en los últimos cinco o siete años debido sobre todo a la labor de colectivos y promotores que han traducido su amor al arte en publicaciones y organizaciones de conciertos. Aquellos primeros en el Tío Molonio, las actuaciones acústicas, a veces por sorpresa y publicitadas mediante el boca oreja, en el desaparecido Café España, y los últimos conciertos en el Auditorio de la Feria de Muestras son recordados con especial cariño en cada nueva visita a Valladolid. Es una ciudad perfecta para ubicar un festival del prestigio y calidad que posee el Tanned Tin, el equivalente en la música, se podría decir, al Festival Internacional de Cine de Gijón, y creo que debiera ser un orgullo para cualquier localidad. Ha sido vital para la escena musical durante más de diez años y estoy plenamente convencido de que le quedan al menos otros diez años de absoluta vigencia.

Por ello, es mi opinión personal la de que un acontecimiento como el Tanned Tin debiera tener lugar precisamente en Valladolid, y es mi deseo expreso que así sea.

Fdo. Nacho Vegas

En Madrid, a 13 de julio de 2009







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